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¿QUÉ ES SER
LACANIANO HOY?*
Autor: Eduardo García
Dupont
Mejor que formular buenas preguntas, es ensayar provisorias respuestas.
Para ello propongo analizar los significantes privilegiados de este
sintagma interrogativo:
I) SER:
Conocemos la importancia de este significante en la teoría y la clínica psicoanalítica.
Por un lado remite a la significación fálica, cuya dialéctica regida por el
falo como significante del deseo se opone, en una suerte de disyunción estructural
al TENER: “Si se es el falo, no se lo tiene, si se lo tiene, es a condición
de dejar de serlo”. Ficción del deseo que rige su movimiento como “metonimia
de la falta en ser”, condenándolo a la insatisfacción, en tanto nada de lo hallado
en el orden del tener estará a la altura de lo esperado: recuperar
el ser. Ser, que a su vez, es una ficción, en tanto no se puede “ser el falo
del Otro”, de ahí que Lacan en Encore planteara que el falo como el amor
suplen la ausencia de relación – proporción sexual.
Por otro lado si consideramos el ser desde la perspectiva de la identificación,
nos encontramos con el estudio del Rasgo Unario, y una excelente diferenciación
que podemos pensar entre los conceptos de Super Yo e Ideal del Yo, a veces no
tan clara en Freud. El S1, en tanto Rasgo Unario, en su dirección hacia
el S2, el sentido, se relacionará con los Ideales del Yo, lo que
le otorgará un “ser” al sujeto desde el que sostendrá su yo ideal, o su
moi, como imagen especular. Ejemplo: como carta de presentación, ante la pregunta
por el ser: soy argentino, casado, psicólogo, psicoanalista, hincha de ...,
etc. Todos estos rasgos identificatorios, en tanto identificaciones secundarias,
cabalgan sobre el Rasgo Unario, en tanto identificación primaria, que conformará
el I(A), el Ideal del Yo. Recordemos aquel modelo óptico en el que la posición
del ojo en relación al espejo plano, permitirá acceder en el modelo de
los dos espejos a observar la imagen virtual de la imagen real. En términos
psicoanalíticos, conforme a la posición del sujeto en relación al Otro, donde
se sitúa el Ideal del Yo, es que podrá acceder a observar su yo ideal. Lo cual
le proporcionará esta ilusión de ser. Es decir que el “privilegio de pertenecer”
como versa el slogan publicitario, proporciona la ilusión de un “ser”.
Ahora bien, el S1, Rasgo Unario, en su dirección hacia el objeto “a”,
en tanto plus de goce, legible como pulsión de muerte, nos permite estudiar
el concepto de Super Yo, en tanto “deber ser”, que como imperativo categórico,
ordena gozar: el Super Yo ordena: “¡Goza¡” y el sujeto como objeto solo puede
responder “oigo”. No es lo mismo ser argentino, que “argentino hasta la muerte”.
No es lo mismo que el Ideal cumpla la función de orientación del deseo en tanto
posibilidad de proyectos para el sujeto, que estar sometido a la trampa narcisista
de recuperar el mítico paraíso perdido del yo ideal. Misión imposible, ya que
en sí mismo, aquel estado de ilusoria completud fue una ficción, que a la luz
de haberla perdido por la operación de la castración, hizo que” uno busque lleno
de esperanzas” con una nostalgia estructural aquel pasado supuestamente mejor,
que jamás recuperaremos en tanto nunca existió. Como dice aquella estrofa de
Joan Manuel Serrat en su canción Lucía:
“ No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido
nada mas amado
que lo que perdí.”
Tampoco es lo mismo que el sujeto pueda proyectar, a que en ello le vaya el
“deber ser”, mortificante, que en tanto mandato también se revelará como
imposible de cumplir, y que en más de una ocasión puede conducir a la muerte.
Por último y si al ser lo vinculamos al fantasma, encontramos una relación con
la operación de alienación. La alienación es al sentido, padeciendo el sujeto
neurótico de falta en ser.
No obstante en la opción alienante entre o no pienso, o no soy, observamos un
primer movimiento, en tanto elección forzada, hacia el no pienso, donde
se sitúa el Ello freudiano y el objeto “a” lacaniano como plus de goce,
luego por medio de la operación verdad y la transferencia, se produce un segundo
movimiento hacia el no soy. Donde se sitúa el Inconsciente freudiano, y el objeto
“a” como -j , es decir falta.
Solo allí se consolida la operación de alienación al S2,
es decir al sentido, significante binario caído bajo la represión primaria,
produciéndose el efecto de falta del sujeto, es decir su afánisis o su fading.
Para compensar este efecto, el sujeto se identifica al objeto causa del deseo
del Otro, movimiento con el que consigue dos efectos:
a)
Sostiene al Otro en una ilusoria completud.
b)
Obtiene un” pseudo self”, un “pseudo ser”.
Para Lacan siempre el ser es falso, en tanto su supuesta consistencia es la
de este objeto “a” postizo con el que se identifica el sujeto para sostener
al Otro en el fantasma.
Entonces resumiendo, respecto del SER, tres vias de abordaje nos conducen
a su estatuto ilusorio, ficticio, pero también mortífero:
·
La significación fálica.
·
El Rasgo Unario, y la teoría de la identificación, con su doble vertiente
del Ideal del Yo y del Super Yo.
·
La operación de Alienación, y su relación con la constitución del fantasma.
Pasemos al segundo significante del sintagma del comienzo:
II)
LACANIANO
Si consideramos
lo anteriormente expuesto, en primera instancia, propongo pensar las consecuencias,
en nuestra práctica como analistas, de la enseñanza de Lacan.
·
En principio haber ordenado en sus Tres Registros, que no se superponen con
las tópicas freudianas, la experiencia, haciéndola más inteligible.
·
Otro ítem interesante es la diferenciación fundamental entre el concepto
de “Yo” y el de “Sujeto”, que conduce a una reformulación de la cura que supone
otra lógica y otra ética. A aquella formulación freudiana:
“Donde Ello era, el Yo debe advenir”.
Opone la siguiente propuesta:
“Donde Ello era, el Sujeto debe advenir”.
Operación muy diversa, ya que el Yo adviene por identificación,
por “ su – gestión”,
la del terapeuta; y el Sujeto adviene por confrontación con la castración
en el Otro
presentificada por el analista, lo que causa angustia y división subjetiva,
pero también
la emergencia del sujeto del inconsciente ,en primera instancia, y en segunda
y última
instancia, la emergencia del sujeto responsable.
·
Otro aspecto relevante es su formulación axiomática: “El Inconsciente
está estructurado como un lenguaje”, desmitificando la materialidad del
Inconsciente como del orden de: fantasías, arquetipos, instintos, afectos, etc.,
sosteniendo la prevalencia del significante sobre los efectos de sentido y de
significación. Desmitificando también la suposición de ausencia de legalidad
en el Inconsciente que podría llevar al malentendido de interpretar la energía
libre freudiana en términos de una suerte de caos sin ningún tipo de ligadura.
Sostuvo que las leyes del Inconsciente se pueden articular con las de la retórica
y situar en los dos ejes que organizan el lenguaje. También el haber
situado la pulsación del Inconsciente como aquel que se produce entre dos hiancias:
apertura y cierre, permitió tirar por la borda tres obstáculos epistemológicos
respecto de su concepción: pensarlo como del orden de las profundidades, se
produce en la superficie del discurso; pensarlo como forjado en y representante
del pasado del sujeto, se produce hacia el futuro, futuro que permitirá
que el sujeto simbolice por primera vez su historia para poder lograr que pueda
de una buena vez, ser historia; suponer que sería posible el autoanálisis, se
produce en transferencia y en relación al Otro; por último que podría
hacerse consciente todo lo inconsciente, tarea imposible ya que la segunda
hiancia, la del cierre es estructural, porque siempre se va a llegar
al punto de falta de significante, donde se aloja el objeto “a”, de lo contrario
el sujeto dejaría de estar dividido, y justamente, si hay algo incurable es
su división.
·
Como así también su otra formulación axiomática: “No hay relación sexual”,
que puede estudiarse en diferentes contextos, por ejemplo: contraria a la significación
fálica y su ficción: jamás el sujeto puede completar al Otro, es decir ser su
falo, aunque este sea el resultado constitutivo y ficticio de la metáfora paterna;
contraria también al amor en su ficción mítica del Andrógino, la “media medalla”
o la “media naranja”, lo que más allá de estas ilusiones estructurales del amor
y del falo, lo llevan a definir al amor como un “dar lo que no se tiene a
alguien que no los es”. Contraria también a la creencia de que el partenaire
del sujeto pudiera ser el otro, el semejante o el Otro, el partenaire del sujeto
es el objeto “a”, con lo cual la relación con el otro, o el Otro, siempre está
mediatizada por el fantasma. Una de las consecuencias clínicas de esta definición,
la de la ausencia de relación sexual, es la del rompimiento con la idea de una
pretendida madurez genital, o el hallazgo feliz del objeto, cual primari love,
o por fin integrar los aspectos buenos y malos del sujeto y del objeto, y por
fin ser uno con el otro. Lo que nos expone a la contingencia del encuentro amoroso,
que jamás Lacan quiso degradar, solo que no cayó en los callejones sin salida
neuróticos de la pretensión de darle al amor estatuto necesario, lo que lo rebaja
a las vicisitudes de la demanda de amor
·
Por último, y aquí radica lo fundamental, la invención del objeto “a” que
lo lleva a sostener que fue su único invento. Para Freud el objeto
del Psicoanálisis es el Inconsciente y para Lacan, el objeto “a”. Si consideramos
el Discurso del Amo, que a su vez es el Discurso del Inconsciente, encontramos
reducida toda la teoría freudiana:
S1
® S2
$
a
Donde S1,,
S2 , y $ dan cuenta en Freud de las Formaciones del Inconsciente,
lo que se
podría
formular como el sujeto es lo que un significante representa para otro
significante;
y el objeto “a” nos permite pensar en tanto plus de goce, su relación con la
pulsión
de muerte y con el texto freudiano: “Mas Allá del Principio de Placer”.
Freud, en
su descubrimiento e invención, dio cuenta de las formaciones del Inconsciente,
a
las que dedicó sus grandes obras capitales, inventando un método: la rememoración
y
una
primera fórmula de cura: “Hacer Consciente lo Inconsciente”. Hasta que se detuvo
en
Más allá del Principio del Placer, evidenciando el fracaso del método de
rememoración como
única alternativa, dando cuenta de la emergencia de la pulsión de
muerte en
la clínica. Si bien el primer Lacan, para quien todo era
significante,
podríamos
decir que es homólogo al Freud optimista anterior al hallazgo de la pulsión
de muerte,
luego, a partir de la invención del objeto “a”, cuyo antecedente es el das
Ding del Seminario
de La Etica, o el “agalma” del Seminario de la Transferencia, y que
recién aparece
formalizado en el Seminario de la Angustia con su consistencia lógica en
su doble
funcionamiento: como plus de goce y como causa del deseo, podemos sostener
que allí donde
Freud se encuentra con su tope en la clínica, Lacan con la invención del
objeto “a”, recoge
el guante, y decide avanzar, pasando a pensar sus posibles
incidencias en
la Dirección de la Cura.
Entonces y retomando aquello que Lacan nos dijera en Caracas: “Yo soy Freudiano.
Ustedes si quieren podrán ser lacanianos”, podríamos pensar en el proceso
del mismo respecto de Freud, proceso que supuso una suerte de alienación
a sus significantes y luego una separación, que posibilitó la invención.
Considero que deberíamos repensar el SER del SER LACANIANO.
En tanto no es lo mismo y tendrá otras consecuencias que el SER
se deslice al “Privilegio de pertenecer”, al “Deber ser” o al “Ser causa
del deseo del Otro”, para sostenerlo en una ilusoria completud y sostener, a
su vez, un pseudo ser; que estudiar Lacan, alienarse a sus significantes
y al sentido, hasta encontrar también la dimensión del sinsentido que nos de
un margen de libertad posible, en el que optará cada uno, uno por uno, “si quiere
lo que desea”. Es decir, para decirlo con Goethe, qué de lo heredado decidirá
hacerlo suyo, o cómo podrá por fin ir mas allá del Padre, sirviéndose de él.
Solo allí, operación de separación mediante, tal vez recién entonces, podramos
encontrar un lacaniano, al menos uno, en el sentido como Lacan fue freudiano.
Para finalizar, pensemos en el último significante:
III)
HOY:
Para ello solo unas pocas reflexiones. En estos tiempos de globalización, de
economía de mercado, de capitalismo salvaje, de ocaso de la modernidad, de crisis
de los grandes relatos, de ocaso de los Ideales del Otro, de cinismo, de melancolización
generalizada, considero que la enseñanza de Lacan con advertido entusiasmo es
un instrumento que nos permite dar respuestas a problemáticas que se presentan
en la clínica actual: a saber patologías del acto: inhibiciones, actings y pasajes
al acto; formaciones del objeto “a” en su relación con el S1: Fenómenos Psicosomáticos,
adicciones, violencia de toda índole, etc.; problemáticas relacionadas con el
déficit de la función paterna, en tanto transmisión del deseo-ley; o aún mas
graves, del déficit de la función materna: la de alojamiento del sujeto en un
deseo que no sea anónimo.
Formas de la clínica actual que exigen la plasticidad, creatividad e invención
del analista.
También creo que la enseñanza de Lacan, nos desafía a investigar el criterio
de cura en Psicoanálisis y el concepto de fin de análisis, con su corroboración
clínica, mas allá de cualquier Ideal.
A su vez, nos desafía a pensar el lazo social entre analistas y sus reiterados
efectos de dispersión.
En esa tarea estamos trabajando, estudiándolo, si por ello entendemos: alienarse
a sus significantes intentando soportar, al mismo tiempo el estar a la altura
del “des ser” conveniente al deseo del analista.
Entonces, ante la pregunta acerca del “Ser lacaniano hoy”, podemos responder
que se trata de alienarse a sus significantes para poder separarse, es decir
des – serlo, y tal vez solo entonces serlo, en el sentido que el fue freudiano.
Esperamos, entonces aún, en esa dirección, la aparición de algún
lacaniano en el mundo.
*Trabajo
publicado en la revista Link. Paris.
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